miércoles, 23 de mayo de 2012

¿¿¿Me echan de menos??? Ahora pueden enterarse de lo que pasa después de mi viaje en un nuevo blog

lunes, 5 de marzo de 2012

No meditando pero sí reflexionando- Capitulo final

"There was a boy
A very strange enchanted boy
They say he wandered very far, very far
Over land and sea
A little shy and sad of eye
But very wise was he.
And then one day
A magic day he passed my way
And while we spoke of many things
Fools and kings
This he said to me …
The greatest thing
You will ever learn
Is just to love
And be loved in return."

(Nature boy, canción. Hay muchas versiones, pero mi favorita es la de Ella Fitzgerald)

Domingo 4 de Marzo de 2012. Puerto Varas, Chile.

Cuando conocí a Emilie, la francesa, recuerdo que ella estaba muy feliz porque íbamos a las montañas, ya que sentía que formaba parte de ellas. Yo me puse a pensar si pertenecía a algo, porque nunca había hecho distinción entre las montañas y la playa, o los campos. Todo me gustaba por igual.  Al día siguiente, en la tarde, se puso a llover sobre los campos de té en Munnar. Ahí descubrí que yo sí pertenecía a algo. Salí al camino mientras sentía las gotitas de agua sobre mi cabeza y la ligera brisa fresca en mi cara. "Yo pertenezco a la lluvia", pensé. Y si bien los amigos que conocí en mi viaje me miraban con cara de asco cuando yo decía que donde vivía llovía mucho, la verdad es que creo que este lugar me parece maravilloso, y toda su belleza se debe a los largos meses de lluvia. Si bien uno a veces se aburre del agua en la región de los Lagos, siento que la lluvia forma parte de mi identidad y, tal vez, de mi personalidad.

Estoy en Chile, y feliz. Si bien mi viaje fue increíblemente maravilloso, lleno de aventuras y de momentos inolvidables, mi cansancio de las últimas semanas permitió que ahora esté disfrutando al máximo mi casa y mi familia. Me parecen un lujo el agua potable, la comida casera, la cama blanda y la ropa limpia. El regaloneo de mi mamá también me parece un lujo, especialmente porque me traje de souvenir desde India un bicho en la guata y no me sentía muy bien. También me parecen un lujo el cariño de familiares y amigos. Debo decir, de las primeras cosas que recojo al volver de este viaje, que soy una persona millonaria. No de bienes materiales precisamente, sino de amor, de salud y de comodidad. Estos son mis millones. No las otras cosas innecesarias. Y hoy puedo decir que soy una persona feliz.
Atrás dejé una cultura totalmente distinta a la que me supe adaptar, no sé cómo, y hay que saber entender que todos somos distintos. Aceptar la diversidad no se trata sólo de apoyar la homosexualidad o no (Como se suele mostrar últimamente) . Es mucho más que eso. Es saber que hay alguien que creció sin necesitar el papel higénico para ir al baño y que cree que el bigote es sexy. Es alguien que se crió para que sus papás le buscaran un marido y le parece que es lo correcto. Es alguien que ha vivido toda su vida en la calle y no sabe hacer otra cosa. Diversidad es alguien que come con la mano y para ellos Diversidad es alguien que come con cuchara. Diversidad es quien no te toca para saludarte, pero que junta sus manos y te dice "namaste" para bendecirte. Diversidad es quien nunca dice gracias, porque los demás ya saben que es agradecido. Aceptar la diversidad significa entender que ciertas cosas que no nos parecen bien, quisás son buenas para otros.

Así como debemos aceptar la diversidad, también creo que hay cosas que no debemos aceptar, y por lo tanto, no debemos pasar por alto. El dolor, la miseria y la soledad están en todos lados, y es mucho más fácil no verlas y disfrutar de nuestra burbuja. No creo que para tomar conciencia se deban dejar las cosas buenas que tenemos. Yo no pretendo ahora andar a pata pelada predicando y viviendo en la calle. Pero es fundamental compartir la vida con los demás. Creo que si en esta vida algunos tienen más que otros, es para que esos que tienen más compartan con los que tienen menos.

Yo quiero hacer algo ¿Alguien se quiere unir? ¿A alguien se le ocurre alguna idea para compartir?

Exigimos a nuestro gobierno muchas cosas, y está bien, es su deber, pero ¿No es también nuestro deber? Es muy fácil sacar las monedas del vuelto y darlas, pero cuántas veces damos nuestro tiempo al que no tiene? Perdón si generalizo, a lo que voy, y los que sí lo hacen lo pueden corroborar, es que una de las cosas que he aprendido en este viaje es que a veces la gente quiere algo más que dinero. Quieren ser escuchados, quieren un minuto para reírse, o quieren un abrazo. Jyotti quería casarse conmigo, y no porque fuera homosexual. Ella se sentía así porque yo era la única que la había escuchado, y escuchar no requiere de mucho esfuerzo. Lo lindo es que no es necesario ir a Nepal para hacer ese tipo de cosas (aunque recomiendo el viaje, por lo cultural y turístico, claro). Se puede hacer en todos lados, incluso con los que están al lado de nosotros.

Las cosas serían más fáciles si el mundo se dejara de egoísmos y compartiera más...

Así termina este blog, el que me mantuvo bastante ocupada por seis meses. Quisiera agradecer a quienes me apoyaron siempre, en especial mi familia, y a los personajes de mi historia, que son todos de carne y hueso y cada uno personas especiales. Gracias por hacer de esta experiencia las más maravillosa de las experiencias.  Y gracias a ti, super lector, por motivarme a seguir contando mis locas historias.




domingo, 26 de febrero de 2012

Mumbai, mumbai y mas mumbai (penultimo capitulo)


Viernes 24 de febrero de 2012, Mumbai, India.
Efectivamente, sigo aquí. El agotamiento después de tanto viaje me hizo llegar a la conclusión de que no podía ir a visitar las cuevas de Ajanta y Ellora, y me compré un pasaje en avión para el lunes a Delhi luego de las falsas promesas de un coleccionista de extras para Bollywood que me ofrecía un extra más grande y mejor pagado (Eso significaba que en vez de ser parte de la masa podía estar parada detrás de algún actor importante). Así que no míticas cuevas, no Delhi, y no super extra. Llegaré al aeropuerto de la capital de India tan solo unas horas antes de tomar mi vuelo a Amsterdam, y luego a París, y luego a Santiago, para terminar en algún momento antes de que me haga anciana al aeropuerto en Puerto Montt (No quiero ni pensar en eso). Si bien me salté dos lugares importantes de visitar, ando con el presentimiento de que voy a volver a este país y ahí podré ver todo lo que me faltó. Pero como los supersticiosos dicen: “si se cuenta el deseo no se cumple”, así que no hablo más de eso.
Quiero que no se me olvide nada antes de cerrar este “libro” (Desde el Word sumo 74 páginas de las que me faltan agregar unos cuantos capítulos. Calculo que debo acercarme a las 90 páginas ¡Wow1). ¡Es que hay tanto que decir!
 Debo reconocer que me he enamorado un poquito de Mumbai. Me habían dicho antes que no había nada que ver aquí, y tuve a mi mamá sufriendo porque iba a estar en medio de esta ciudad del tamaño de casi todo Chile (16.4 millones de habitantes según mi Lonely Planet). ¿¿Como que no hay nada que ver?? Debo reconocer que he pasado la mayor parte del tiempo en la parte turística, pero es maravillosa toda la arquitectura de esta parte de la ciudad, con sus áreas verdes en medio de los bocinazos propios de este país, con esa costanera frente al mar Arábigo donde ves de fondo los edificios y te impresionas, y con todos los museos y actividades culturales que hay para ver (incluyo con esto el ir a ver cómo hacen películas de Bollywood, obvio). Si, es verdad, lo más cercano a una ciudad  grande para mí ha sido Buenos Aires, y muchos me podrán decir que las ciudades europeas, o el mismo New York es mucho más encantador y cultural que Mumbai o (Bombai para que los que la conocieron con ese nombre antes del año 98´). Es que igual como que me gusta esa cosa mezcla del caos indio y la modernidad de esta ciudad.
Un señor en la calle me vendió un libro que es un best seller y que todos los turistas en India lo leen. Por favor, léanlo porque van a entender perfectamente lo que nos pasa a los occidentales estando en India. Yo me he sentido muy identificada con varias cosas que le han pasado a la protagonista y me he reído mucho. El libro se llama “Holly Cow!” y la autora es Sarah Macdonnald. También leyendo ese libro me he dado cuenta que en mi apuro por escribir hay muchas cosas que se me ha olvidado comentar. A ver si las menciono antes de tomar el avión, o me entretengo durante las 12 horas en las que debo hacer escala en Amsterdam (¡grrr!).
De lo que quiero hablar ahora es del gran contraste que tiene Mumbai y que no me había tocado ver tan fuerte en otros lugares. Frente a todas estas construcciones preciosas, hay una cantidad enorme de gente que vive literalmente en la calle. Hoy me llegué a sentir incómoda conmigo misma quejándome de mi dolor de pies y del resfrío gracias a los ventiladores, mientras al lado mío unos niños jugaban en su “pieza”: la cuneta. A su vez, grandes y chicos trabajan en lo mismo: pedir plata. También me llama la atención toda la gente en “mal estado” que mendiga. Gente muy deforme, con extrañas enfermedades, sin brazos, piernas, etc. Yo no le doy plata a ninguno y me siento la mujer más malvada del planeta. Es que son muchísimos, y además dicen que el dar plata es malo para ellos, porque no intentan salir de su pobreza por otros medios. ¿Pero cómo esa gente deforme puede encontrar otro tipo de trabajo? Me impresiona la miseria y a veces me dan ganas de mirar a otro lado y hacer como que no están (lo que he hecho algunas veces) ¿Qué sentirán al ver que la gente desvía la mirada? ¿Tendrán alguna oportunidad de surgir? De todas maneras, creo que la mejor ayuda que podemos dar es dando soporte a las instituciones benéficas de confianza más que directamente a ellos porque, como he aprendido, a veces no saben cómo administrar la plata. Me cuesta creerle a la mujer que cuando pide plata dice que es para la leche de su guagua, por ejemplo. Otra cosa con respecto a la pobreza: Me ha  llamado la atención también la gente que sí tiene una humilde casita, pero aún así tiran toda la basura a la calle, o al río próximo, o al mar. Se me ocurre que eso no tiene que ver con educación, sino con el deseo de querer tener una mejor calidad de vida. Si quieren podemos hacer debate sobre el tema. Y podemos agradecer por lo suertudos que somos.
Pero no los quiero dejar con una sensación de angustia o tristeza. Voy a cerrar los comentarios del día de hoy con una situación de que, a pesar de que para mí no fue muy agradable, me causó mucha gracia y orgullo a la vez. La primera vez que alguien me agarró el poto en este país fue en medio de una multitud y no supe reaccionar, sintiéndome muy mal por eso. La segunda vez al menos pude gritar y mirar al tipo con cara fea (Me pidió disculpas inmediatamente). Bueno, resulta que el primer día que llegué a Mumbai iba caminando entre mucha gente y  un tipo se le ocurrió entretenerse agarrando mi trasero. Yo en un segundo me di vuelta y me lancé a agarrarlo a golpes y empujones, gritándole en “chileno”. Cuando m  di cuenta de que el tipo no me iba a entender le grité en inglés “¡¡Don´t do that again!! ¿¿OK??”, mientras seguía dándole empujones. Creo que el tipo se asustó, además que fue en medio de mucha gente que se dio cuenta de lo que había pasado. “¡I´m sorry, I´m sorry!” decía. Me sentí orgullosa de los reflejos que he tenido que adoptar en este país. Yo siempre evitando pelear (hasta que exploto, claro), me he transformado en una reina del ring.
Mumbai, domingo 26 de febrero de 2011:
Este es mi último reporte desde India. Si no les molesta, quiero realizar mi última publicación una vez en Chile, con la cabeza clara para reflexionar sobre lo aprendido en este viaje y ponerlo frente a ustedes. Si les da lata, allá ustedes. No es una obligación abrir el sitio web.
Es muy chistoso cómo entre ayer y hoy me detengo cada cierto rato en medio de la calle, saco mi lápiz y mi cuaderno (A los niños CPV: ¡Ocupo TODOS sus regalos!) y escribo cosas que no quiero que se me olviden. Así que he aquí con el reporte de ayer y hoy.
Ayer fue un día bien flojo. Con tanto  ventilador me he estado resfriando y la bencina definitivamente se me acabó. He andado super buena para el shopping, comprando algunos souvenires y ropa para mí. Voy a llegar a Chile imponiendo el estilo de la “India-lais” jaja. Es que no podía perder la oportunidad y era lo más decente que había También fui al museo de arte contemporáneo y me entretuve viendo las pinturas de un tipo (Si los entendidos me vieran llamándolo “ tipo”) llamado K.K Hebbar. Me encantó, así que señor, señora, goglee.
Ya que no fui a las cuevas de Ajanta y Ellora, hoy fui a mi premio de consuelo, que para ser “de consuelo” estaba bastante bueno. Las cuevas se llaman Elephanta, y están en una isla a 45 minutos de Mumbai. La verdad es que eran bien increíbles, con unas esculturas gigantes que salían de la misma roca que componían las cuevas. Por ahí tengo una foto que , como siempre que le pido a alguien, no sale muy bien (Obvio, si no les importa cómo salga, si no te conocen). Me reí muchísimo con los turistas indios, la verdad es que son fanáticos para las fotos y se las sacan ¡¡¡con todo!!!. No es que les saquen fotos a todo, sino que ellos deben salir hasta en la foto de la caca del perro, te juro.
Después, al volver a Mumbai, decidí hacerme mi regalito de Navidad, con la plata que me había mandado mi papá de regalo  (Hasta el momento, Felipe Moreno, tu libro había sido mi único regalo!) así que me fui a un spa y me hice un masaje con aromaterapia. Topísimo. Pero el problema es que no me pude relajar. Es que tal vez no sirvo para ser una mujer top que recibe masajes. Me sentí todo el tiempo incómoda de que la pobre chiquilla Tailandesa tuviera que ganarse la vida toqueteándo a una desconocída. Más encima le pregunto si vive con su familia acá y me dice  con su inglés de tailandesita “Nooo, my father mother very poor” (traducción: Mis papás muy pobres). Ahí me sentí más mal todavía. Después me consolé pensando que la tailandesita al menos con este trabajo debía tener una mejor calidad de vida que sus papás. Y a lo mejor le gustaba manosear gente. Pero me imagino que tal vez le deben aparecer un montón de depravados a hacerse un masaje. Pobre.
Además de que no me pude relajar como debiera, la tailandesita me dice: “Ohhh, sory, today water no coming”, así que salí del spa toda aceitosa y me fui a caminar por la costanera de Mumbai, mi lugar favorito de esta ciudad, mientras pensaba que estaba destruyendo el trabajo de la pobre chiquilla en mis pies. En fin, no podía perderme la última puesta de sol en este viaje, la última de cientos de maravillosas puestas de sol (Son más de 100, no miento).
Ahí decidí hacer una lista de lo que voy a extrañar de este país y lo que no. Hay muchas cosas que tendré que ir agregándo, pero la lista hasta el momento va así:
COSAS QUE NO VOY A EXTRAÑAR DE INDIA (Y NEPAL, CLARO)
1.- Los monos ¡¡¡Los odio!!! Especialmente los que están en templos, porque la gente les da comida y se ponen idiotas.
2.-  Los hombres mirones y en especial, en grupo. Definitivamente, por más que trate de ser abierta de mente, me carga ver como se abrazan y dan la mano y toquetean como pololos, cuando a las mujeres ni las pescan.
3.- Los “Madam”. Si tu caminas por una calle donde la gente vende cosas, lo escuchas unas 60 veces, por segundo. “Madam. Take a look” “madam, very cheep” “Madam, ¿taxi?” “Madam, madam, madam...” ¡¡¡¡Aghgggh!!! ¡Qué irritante!
4.- La suciedad en las calles, y las vacas comiendo basura.
5.- ¡Los ratones! ¡Se me cruzan todo el rato!
6.- Los bocinazos por mil, la luz para cruzar la calle que dura un segundo (literalmente), los multiples intentos de atropello a mi persona y la locura en general de las calles Indias.
7.- Los bigotes de los hombres, y que las mujeres piensan que son tan “sexys”. También los pantalones pata de elefante y las camisas a cuadros. Todo un look setentero.
Se que se viene más, pero tengo que dedicarle más tiempo a pensar y después oficializo la lista
COSAS QUE DEFINITIVAMENTE VOY A EXTRAÑAR DE INDIA (Y NEPAL)
1.- De Nepal, casi todo, porque ahora forma parte de mi. Siento que un pedacito de mí se queda en ese país, y que tengo una familia ahí.
2.- ¡La comida india! Y picante a punto medio, tambien.
3.- Hablando de comida, ¡los Lassies! (Un bebestible medio yogurt)
4.- Los increíbles paisajes y ruinas, ¡siempre tan distintos!
5.- Bollywood y la música india en general, ¡Me encanta!
6.- El oro de las mujeres. Me encanta que sean tan enjoyadas.
7.- Hablando de las mujeres, el dedicarme a contemplar las mujeres en sus saris, y  decidir cuál lleva el género más bonito y colorinche.
8.-  Los viajes en tren. Aunque agotadores, el mirar por la ventana el paisaje es alucinante.
9.- Las Vacas en medio de la calle (sin comer basura, ojalá). Ver cómo se creen las dueñas de la calle es muy entretenido.
10.- Junto con las vacas, las cabras callejeras me encantan. Si el bus en el que vas se pega un frenazo, ya sabes que fue porque se cruzó una cabra, o una vaca o quizás una gallina.
11.- Volviendo a Nepal, los Himalayas ¡Majestuosos!
12.- Hablar nepalés, y en India también decir “Namasté” y juntar las manos para saludar.
Qué increíble, pero se me hace más fácil pensar en lo que sí voy a echar de menos, aunque tenga ya ganas de volver.
Antes de hacer el cambio y fuera, voy a limpiar la honra de los hombres de este país. Los de clase alta son más discretos, y aún creen en el amor a primera vista y son como galanes a la antigua. Yo soy pesada con ellos, pero me llega a dar un poco de pena, porque una piensa que le gustaría conocer a un hombre jugado algún día, y estos que se la juegan se les rechaza al toque. Ayer iba caminando por la calle, sientiéndome pésimo con mi resfrío, cuando un tipo se me acerca a preguntarme si estoy triste y si lo dejaría caminar conmigo. Imagínense el NO. Hoy me crucé con un tipo, que me detiene y me empieza a hablar como nervioso.
INDIO JOTE: Es, es que hace un rato nos cruzamos y tú no me viste, pero yo si...
NATALIA: (Impaciente) Ya, y...
INDIO JOTE: Es que yo... yo había decidido que si me cruzaba contigo de nuevo te iba a invitar a tomar un café...
Lo encontré un tierno a la antigua. Pero le dije que no. Con una sonrisa, para no parecer tan bruja. No sé si la habrá notado. Sé que estos indios son un poco infantiles para sus romances, pero ¿No nos estaremos yendo nosotros para el otro extremo? ¿El de ser extremadamente realistas y prácticos al momento de compartir la vida con alguien?  Bueno, igual no me interesaba tomarme el café con el indio, pero les dejo la pregunta a la reflexión.
No puedo creer que esta aventura se está acabando. Y siento que aquí me falta alguien a quien abrazar y decir chao antes de que me suba al avión (Especialmente después de conocer a tanta gente). Aunque voy a hacer el cierre en Chile, de antemano agradezco a quienes pacientemente me leyeron y aguantaron. ¡Hagan como que me echaron de menos cuando vuelva plis!     
La costanera de Mumbai... La amo!

El Taj Mahal Palace y el Gateway of India, desde el mar (cuando tome el barquito a Elephanta)

Un poquito de las cuevas de Elephanta

Me and mr. Buddha (Aunque no se aprecia muy bien)

Mi ultima puesta de sol en este increible viaje

lunes, 20 de febrero de 2012

Castillos y films de accion


16 de Febrero de 2012. Ooty, Tamil Nadu.
Así que llegué a Ooty, a pesar de los sufrimientos y rabietas. El día de ayer me lo pasé arriba de una micro, disfrutando de la linda vista que tiene parte del viaje entre Kodaikannal y Metapulayam (si es que lo escribo bien), que era el lugar donde tenía que tomar el famoso trencito de vapor. Al principio iba feliz, escuchando música y contemplando los increíbles cerros de Tamil Nadu. A las 9 horas, ya no quería saber más de la micro, claro. En un momento un señor se sentó al lado mío ¡y se quedó dormido en mi hombro el muy fresco! Yo no sabía qué hacer, especialmente después de una serie de malas experiencias con hombres indios que no relataré, cuando una viejita desde el otro lado del asiento me hacía señas para que le pegara al hombre. Fue muy chistoso pero a la vez me sentí muy mal porque no reaccioné a tiempo y me imaginé a la señora pensando “Estos occidentales...”
En fin, llegué a Metupalayam agotadísima, con un dolor de cabeza horrible y con ganas de tirarme en una cama y ver tele y dormir. Pero tenía que reservar mi ticket. Después de mucho rato haciendo trámites, me dicen que estoy en lista de espera, es decir, que sólo tomaría el tren si 23 personas que ya habían comprado no llegaban a tomarlo. La solución que me daban era llegar a las 5:30 de la mañana y ver qué pasaba. Fatal. Así, resignada y con ganas de llorar de lo agotada que me sentía, decidí gastar más de lo planeado y me quedé en un lugar con tele y agua caliente. Todo lo que necesitaba. Me quedé viendo películas tontas hasta que al fin me quedé dormida.
Hoy me levanté a las 4:40 de la mañana con mentalidad de ganadora. En medio de la oscuridad llegué a la estación de tren, donde no había más que una pareja. Entonces, a pesar de ser la 23 en el ticket, era la tercera en la fila. El nuevo problema apareció cuando me puse a buscar el ticket ¡Y no lo tenía! Desesperada, me puse a buscar gente que me ayudara a buscar una solución. Todos me miraban con cara de “y para que se preocupa tanto, si igual no se va a poder subir”. Dejé a unos franceses cuidando mi mochila y me devolví al hotel. Cuando entre a mi pieza ¡Había un señor durmiendo! ¡Planchón! Y más encima el ticket no estaba. Volví a la estación. Seguí preguntando a gente. Al final encontré al encargado (Todo esto porque ellos tenían mi nombre en una lista entonces podrían dejarme pasar) y me dijo que tenía que esperar a otro tipo de encargado. Por suerte, como era sólo yo la del problema, ni siquiera miraron mi pasaporte para comprobar que era yo la Natalia. Solo me dejaron pasar a un vagón que reservaban para los que estaban en lista de espera y otros. Lo mejor de todo es que quedé en la mejor ubicación, cerca de la locomotora y junto a la ventana de la izquierda, la que tenía toda la vista.
El tren valió absolutamente la pena. Los paisajes de las verdosas montañas te dejaban sin aliento. Andar en ese tren era como estar en una película del siglo XIX, y pareciera siempre que te fueras a caer del cerro. Increíble.
Llegué a Ooty como a mediodía y me hospedé en un dormitorio compartido con otros tres extranjeros que se acababan de conocer: Un serbio, un francés y una Sueca. Muy simpáticos. Ahora se me perdieron. Ellos querían descansar un rato al llegar y yo tenía habre y ganas de recorrer el lugar, porque quiero irme mañana así que los abandoné y me puse a caminar. Este lugar es conocido por el trekking, pero como era más o menos tarde para eso y estaba nublado, me bajó la rebeldía y me he pasado toda la tarde en cafés tipo Starbucks (Uno Indio buenísimo) haciendo prácticamente nada. He gastado más plata que todos los otros días tomándome super cafés y tortas de chocolate, ¡que cerda!
De todas maneras, un rato me fui a caminar por un jarddín botánico que hay por acá. Era muy bonito, porque resulta que ahí tenían una mezcla de árboles y plantas de todos lados del mundo. Caminé mucho por ahí y me entretuve mirando a los turistas indios, que definitivamente son muy distintos a los turistas occidentales. Después de eso, visité el mercado y saqué muchas fotos. Lo pasé muy bien. Es rico a veces disfrutar de la soledad y tomar mis propias decisiones de a donde quiero ir. Me encantó no hacer nada esta tarde aparte de dar vueltas y no me importa perderme los trekking de acá porque ya disfruté un montón con la vista del tren. Además, he caminado muchísimo esta última semana, me merezco un descanso.
Espero poder escapar a Mumbai en los próximos días. Mañana tomo un bus a Mysore, en Karnataka. No puedo creer que ya me estén quedando alrededor de 10 días de viaje. Tengo sentimientos encontrados. Echo de menos a mi familia y amigos, pero sé que va a ser difícil acostumbrarse nuevamente a la realidad; a las obligaciones, a los precios caros de Chile, a pasar más tiempo del debido con mi familia (con todo respeto)... ¡Quién sabe! No tengo idea lo que se viene para mí este año (Por más que me haya dicho cosas la astróloga del ashram), pero me gusta la idea de tan sólo dejarlo fluir y disfrutar, disfrutar y disfrutar de esta vida tan privilegiada.
21 de Febrero de 2012. Mumbai , India.
Poco tiempo para escribir y mucho para contar. Definitivamente Mysore y Mumbai son ciudades que me han gustado muchísimo y que ha sido muy buena idea visitar.
No sé cómo me encanté con Mysore después de un eterno viaje en un bus al que pagué más porque supuestamente se iba a demorar menos. Ustedes se podrán imaginar que cansancio+molestia+mucho calor (después del frío de Ooty) eran una bomba. Aún así, el paisaje en el viaje era muy lindo y vimos elefantes y monos grises con la cara negra, que parecen un poco más amigables que los otros monos que asaltan.
 Mysore está lleno de edificios antiguos de la época de los Ingleses. Es una ciudad mucho más ordenada que las otras y veías policías encargados del tráfico todo el tiempo. En Mysore me dediqué a caminar mucho, porque me quedé en un hostel que quedaba a 5 kilómetros del centro, pero que era bien limpio, económico y agradable (aún compartiendo con muchas mujeres en la misma pieza). Al día siguiente de llegar, me levanté bien temprano y empecé mi auto tour por los lugares típicos de la ciudad. Partí por el mercado. Lo que les pueda decir del mercado queda chico al lado de lo que realmente es. Puedo publicar fotos, pero nunca podré reproducir los olores, los sonidos y la calidad de la gente (con un cierto interés de que les compres, claro). Podría ser un mercado como los que podríamos encontrar en Chile, con la diferencia de que es India y no hay más explicación al respecto. Ahí podías encontrar frutas y verduras, perfumes, inciensos, cajitas de madera, flores para el templo y flores para el pelo (cada vez adoro más el olor a Jazmín, que usan las mujeres acá. Muy femenino.), dulces típicos del sur de India, pescados, arroz, legumbres, etc, etc etc... Me compré ahí un aceite que con alcohol se hace perfume. El tipo me contó que todas las grandes marcas de perfumes compran los aceites acá y luego los fabrican. Yo, claro, me llevé el Jazmín (Aunque no sea lo mismo que llevar las flores en el pelo).
Después del mercado, me fui al gran palacio del Maharaja. El palacio original se incendió a fines del siglo XIX, entonces un arquitecto inglés lo reconstruyó, con un nuevo estilo. Definitivamente quedé con la boca abierta. El palacio era alucinante, lleno de diseños indios maravillosos y colores mágicos. Lamentablemente no se podían sacar fotos adentro, pero si usted, señor y señora, tiene planes de ir a la India, vaya al palacio del Maharaja. La lleva.
Al terminar de impresionarme con este castillo sacado de película de Dysney, me fui, después de caminar por la ciudad, a tomar una micro y subir a un gran cerro donde hay un templo. Ese cerro no me impresionó tanto, así que lo bajé en la siguente micro.
Como aún eran las tres de la tarde, decidí irme a la estación de tren para comprar un pasaje que necesitaba con anticipación. De todas maneras no era un mero trámite, porque la estación en si es arquitectónicamente muy linda (al igual que los edificios alrededor). En la estación me encontré con Frida, la sueca que con la que había compartido la pieza en Ooty. Me contó que Dean (el serbio) y Flo (El francés) también habían viajado, pero en otro bus, así que no sabía donde estaban. Resulta que los tres se habían registrado en la misma hostal, así que nos quedamos en la noche conversando en la terraza del lugar, hasta que unas personas escandalizadas llegaron diciendo que los hombres estaban en zona de mujeres, y que no debían estar ahí. Así que nuevamente nos despedimos, porque yo partía al día siguiente a Mumbai y no los vería en la mañana.
Al día siguiente partí con una odisea que me dejaría completamete estresada. Me levanté a las 5:00 AM para estar a las 6:00 en la estación de tren. A las 6:45 partía el tren de Mysore a Bangalore. El viaje duraba tres horas, pero el problema era que tenía que hacer el check in antes de las 11:00 y el aeropuerto estaba a 45 kilómetros de la ciudad. En Chile recorres 45 kilómetros en 30 minutos. Acá en 1 hora y media, y existía la posibilidad de que el tren se atrasara y no tuviera tiempo de tomar el avión.
Así con el corazón en la mano, llegué a la hora correspondiente a Bangalore y entre la multitud de la gente traté de correr para encontrar un taxi. Sólo encontré un Tuk Tuk (El tipo moto-taxi) que aceptó llevarme por un montó mayor al de mi presupuesto. En fin, acepté porque no tenía tiempo y el tuktukero me llevó como si estuviera en una película de acción, esquivando autos y camiones y tocando su bocinita, todo esto a posiblemente 20 kilómetros por hora. Pero mi inteligente tuktukero no me iba a dejar perder el avión. Sin que yo lo supiera, en un punto se juntó con un taxista y me dijo “rápido súbete al taxi”, y le dijo al taxista que se apurara porque tenía poco tiempo para llegar al aeropuerto. El ir apurado a un aeropuerto en India no es cualquier cosa, pero por primera vez no me importó que el conductor manejara como un animal. Así llegué al aeropuerto y tomé el avión a Mumbai. (Lo del avión fue porque no habían pasajes en tren) y apenas me senté me quedé dormida. A la hora me desperté con el aviso de que íbamos a aterrizar.
Llegué a Mumbai con 35 grados de temperatura y a tomar otro taxi, porque al parecer no habían micros cerca. El flojo del taxista, como había taco, me quería dejar en cualquier lado y como yo estaba estresada la peleé hasta que me dejó en la puerta de la hostal. Cuando entré me dijeron que estaban llenos y que no podían recibirme. Ante mi estrés, le pedí serenamente si me podía sentar un segundo. Me senté, boté exactamente dos lágrimas (las que no botaba en un buen tiempo), respiré profundo, me sequé las dos lágrimas, acomodé mis cosas, me pusé nuevamente la mochila,agradecí al señor el permitirme sentarme ahí y seguí caminando. 5 minutos después, menos más, encontré un guest house que, a pesar de que no era muy barato, era el mejor precio que iba a encontrar alla.
Descansé un rato y partí a caminar. Ahí fue, como esperaba con ansias, que me encontré con un tipo que buscaba extras para una película de Bollywood. Como no confiaba mucho, el me dio todos los datos de la película para que lo buscara por internet, más todos sus datos. Nos juntaríamos junto con 40 personas más al otro día y me iban a pagar 5.000 pesos chilenos más el transporte, la comida y el maquillaje y vestuario.
La experiencia fue entretenida y aburrida al mismo tiempo. Aburrida porque no tuvimos que hacer nada en todo el día más que esperar. Entretenida porque era una película de acción y nos tocó ver como armaban toda una pelea. Me pusieron un vestido apretadísimo y me ultra peinaron y maquillaron. A pesar de lo incómoda que me sentía, recibí varios elogios, así que concluyo que una puede estar gordita y ser sexy al mismo tiempo, jaja.
La escena se trataba de que estábamos en una especie de castillo tipo medieval transformado en un ring de pelea, donde el actor principal actuaba con un gigantón en una jaula. El actor se llama John Abraham y tengo entendido que es considerado el “Brad Pitt” de la India, con justa razón. El tipo era un verdadero guapetón y era inevitable no mirarlo peleando con su increíble pinta (Mino, mino, mino). Aún así, lamento contarles que los actores de peleas no son super héroes y la pelea la grabaron por muchas partes, el tipo golpeándose y equivocándose varias veces. No es que estuviera mal en todo caso, sólo que una se hace la idea que, o son súper secos, o tienen un súper doble. Pobrecito John. El que era un experto era el dircetor de peleas de la película, un chino que daba la impresión de que se hubiera tomado 50 Red Bull antes de dirigir la escena. Si no fuera tan feíto podría ser él el actor de la película.
En fin, fue una experiencia increíble y era lo que me faltaba de la India. Ya me quedan los últimos días. Espero poder contar más antes de volver a Chile.




Trencito de vapor a Ooty


Vista desde el tren


Monos desgraciados mendigando comida 


Polvos para pintar en el mercado de Mysore

El Palacio del Maharaja, Mysore


The palace

En Bollywood!

Una foto ilegal (no se podia) Y de fondo, el director de la pelea practicando los pasos
No le pude sacar fotos, pero asi lo vi... John Abraham, el "Brad Pitt" de Bollywood (Y a mi me gusta m'as este parece)



martes, 14 de febrero de 2012

Meditaciones, rios varios y campos de te



Miércoles 1 de Febrero de 2012. Varkala, Kerala, India.
Mi querida amiga Natali ayer me dijo (cual madre): “Mañana te sientas aunque sea un rato, y vas a escribir” y heme aquí escribiendo. Espero poder entrar en detalles, a pesar de lo caluroso que está y de lo que me gustaría ir a la playa. (Aunque debo reconocer que esas olas me dan un poquito se susto).
Sigo pensando que tengo un ángel de la guarda “pulento” (Para mis amigos internacionales “cool” “chevere” “bárbaro”, etc). Para otros puede que sea Karma o solo suerte. Pero haber conocido a mi amiga Natali ha sido lo mejor que me pudo pasar esta semana. Nos llevamos increíble, nos aguantamos bastante bien y nos reímos bastante. Se le echará de menos, así como a todos los amigos que he ido dejando (o “ganando”) en el camino.
Existe un gran problema en Varkala. La gente que llega no se va. He conocido muchísima gente que ha cambiado sus pasajes varias veces y espero que a mí no me pase lo mismo. Aquí el relajo es absoluto (y les juro que lo necesitaba) y  hemos conocido mucha gente con la que la pasamos bastante bien. La playa es maravillosa. Agua tibia, palmeras y un calor insoportable.  Aún así, creo que he pasado por la crisis de los 5 meses viajando, y me siento cansada y con un poco de ganas de volver. De todas maneras, se que las cuatro semanas que quedan  se pasarán de una, así como los meses anteriores. Es que en India hay tanto que ver, y tantos lugares sólo para estar, que me va a faltar tiempo para verlo todo. (Muchos dicen que un año solo en India no es suficiente, imagínense).
Sé que del descanso no hay mucho que contar (dormir, comer, nadar, dormir, comer...) pero ayer ocurrió un suceso que vale la pena mencionar. Resulta que una de las grandes características de Kerala es que tiene muchos festivales, especialmente en esta época del año, y yo quería devolverme a Ernakulam, donde estuve solo un día, para ver un festival religioso que culminaba con un desfile de elefantes. Resulta que la famosa celebración con elefantes al parecer se hace en distintos puntos de la región. Nos enteramos de que había una a 45 minutos de Varkala, y que un bus turístico recogía gente para ir allá.  Ya teníamos todo organizado cuando un percance (Mr. Morfeo) nos impidió tomar el bus. Natali, para consolarme, me dijo que alguna cosa había por aquí, que había escuchado que a 5 minutos había un templo que celebraba también. Sin muchas expectativas, decidí seguirla.
Bueno, resulta que la celebracioncita en el templecito era la tremenda celebración. Un desfile que recorría las calles hasta llegar al tempo, lleno de gente lista para celebrar y turistas mirones. Las mujeres y las niñitas estaban impecablemente vestidas y maquilladas, y con ofrendas esperaban el cortejo. Luego, seis elefantes muy decorados se pasean por las calles de Varkala. Gente bailando y disfrazada seguía el desfile. Las calles acompañaban con sus luces de colores. Fue una experiencia totalmente india, caótica y maravillosa.
Mañana trataré de alojar en un Ashram. Espero poder meditar un poquito (No soy muy buena con esas cosas.)
Viernes 3 de Febrero de 2012.
Ashram de Amritapuri, Kerala
Desde la turística y occidental playa de Varkala, decidí, a último minuto y después de las recomendaciones de todos, ir a un ashram, que es donde tu duermes, rezas, meditas, etc. El ashram de Amritapuri es bien especial, porque en este lugar vive una mujer muy importante para muchos indios y para gente de todo el mundo. Aama (mamá en Hindi) es para algunos una diosa, para otros una santa, y para muchos una gurú. Ha realizado muchas obras sociales en india y sus consejos son seguidos por miles de personas en el mundo. Además, su nombre se debe a que ella se dedica a abrazar a la gente y consolarla, llamándolos sus hijos.
El asunto es que después de despedirme de Nati, tomé mis pilchas y aprovechando que me encontré con un amigo español que iba tomando el tuk tuk para la estación de tren, tomé el vuelito y me escapé de esa tentadora playa. Llegué al Ashram sin saber NADA sobre este, y apenas me fui a registrar el tipo me dice que deje mis maletas rápido para recibir el abrazo de Aama. Me sentí un poco mal de ir sin saber, porque se mueren la cantidad de devotos de Aama que están aquí y que para ellos el abrazo es un evento importantísimo en sus vidas. De todas maneras, debo confesar que me emocioné un poquito. Más que por esta sonriente mujer en si, por el hecho de que una mujer que se hace llamar “mamá” te abraza y te dice que todo va a estar bien (supongo, porque no le entendí lo que dijo), especialmente cuando una se encuentra a miles de kilómetros de su verdadera familia, y sin estar con ellos por más de 5 meses.
Estoy en una pieza con tres mujeres más: una danesa, una alemana y una estadounidense. Simpáticas. Además he conocido a un brasilero, una argentina y un español. Hay mucha gente que habla español, además de muchos documentos y libros en mi idioma. La enseñanza ahí es: es importantísimo saber inglés, pero somos unos privilegiados en hablar español, porque es una lengua que está tomando mucha importancia en el mundo por la cantidad de personas que la hablan.
Hoy en la mañana me levanté a las 5 de la mañana a una oración con canticos a  “la madre” (Prefiero pensar que es a la Virgen María, aunque sé que no). Luego me fui a una meditación en la playa mientras amanecía. No sé si medité mucho pero fue lindo y relajante. Luego fui a una clase de yoga y aún no eran las 9:00. A esa hora tomé desayuno y me encontré con Víctor Hugo, el brasilero que había conocido en Varkala y que me había recomendado este lugar.
Una de las cosas que Aama recomienda para la vida espiritual es el trabajo comunitario. Acá todos trabajan para los demás y, aunque es voluntario, te piden dos horas al día como ideal. Victor Hugo me mostró el ashram y me acompañó a anotarme para participar, mientras rezaba que no me tocara la pega de separar la basura (¡me daba un asco!). Entonces el tipo me dice: “¿Te parece... secar platos en la cocina?” ¡Qué felicidad! El mejor trabajo del mundo. A las 11 estaba secando platos sin parar. Me gustó mucho. La gente, como no es un negocio, no espera nada a cambio, todos llevan una sonrisa en la cara y son muy dulces. Entendí por qué el trabajo desinteresado es importante para el alma.
Después de trabajar, a las 13:00 me comí una ensalada y un dulcecillo. Estoy siendo detallada para explicarles lo intenso del día y lo agotada que estaba a esa hora. Cuando comía me pidieron si podía sacar fotos en un curso de yoga que estaban impartiendo, así que partí. A las 2:30, cuando dejé de sacar fotos, me fui a comprar en un sucucho de ropa usada algo blanco para ponerme porque todos visten de blanco acá y yo andaba con una polera negra. Desubicada total. Así, con mi “disfraz” de devota, me fui a la pieza y ¡por fin! tuve mi siestecita a las 3:00. A las 16:00 bajé y a las 17:00 había otra meditación en la playa, con Aama incluida. Fue muy reconfortante y creo que sí puedo meditar, aunque sea un poquito y cueste concentrarse. En la playa, Aama hacía preguntas y la gente contestaba. Hablaba sobre cómo podemos lograr cosas sólo confiando en nosotros mismos y en Dios, por supuesto. Lo que me gusta de ella es que no te pide que te cambies de religión, al contrario, te pide que la refuerces.
Después de eso, a las 19:00 nos fuimos al comedor donde la gente cantaba canciones preciosas en hindi y malayalam. Lo único que no me gustó mucho es que las canciones eran a Aama como si ella fuera Dios. Un poco raro, pero también es bueno creer en algo. Creo que ella da la sensación de lo que para nosotros es la virgen, again.
A las 20:00 comimos y no sé cómo, ya son las 22:36 y debo dormirme porque me voy a levantar mañana a las 5:00 (si lo logro). Me compré el librito de la oración así que debo hacerlo.
Mañana entro en detalles reflexivos.
Viernes 10 de Febrero. Munnar, Kerala.
Me arranqué del ashram porque si no me podía quedar casi que viviendo ahí. La sensación ahí es rara, a veces estoy muy feliz y otras lo odiaba y me quería ir inmediatamente. La verdad es que los llamados “Devotos” dan un poco de miedo, se supone que deberían seguir los consejos de Amma para ser mejores personas pero al final es todo una cosa exagerada y moralista y no es de verdad lo que ella predica. Aún así, hubo mucha gente buena que me devolvió una sonrisa y fueron amables y amistosos. Una de ellas fue Kriztina, una húngara que la conocí secando platos. No sé cuántos años debe tener, pero al menos más que mi mamá y nos hicimos amigas como si no hubiera diferencia. Ella, a pesar de ser devota (aunque no vivía ahí) siempre me aconsejó no escuchar todo lo que me dijieran los otros, porque iban a tratar de hacerme sentir mal porque me iba del ashram. A su vez, ella me preguntaba cosas de la playa, porque siempre que iba a India no hacía más que estar en el Ashram y quería ver algo distinto por un par de días. También se interesó por mi voluntariado en Nepal, así que yo feliz le conté de todo  (me encanta que me hagan hablar de Nepal, no puedo evitarlo). Entre las cosas que le dije, era que como era actriz me gustaba desarrollar actividades artísticas en los niños. Ahí saltó y me dijo “¡Yo también soy actriz! ¡Y soy famosa en Hungría!”. Resulta que mi amiga había actuado en muchas películas y además por muchos años había sido la directora y actriz principal del teatro nacional Húngaro. Después de irme del ashram, la googlee y me di cuenta además que enseña una técnica especial de teatro en San Francisco. Es decir, una mina seca. Y yo me sentí como una estúpida hablandole de mis clases de teatro a los niños nepaleses. El por qué cuento esta historia y lo bonito de esta, es que ella nunca quiso mostrarme que era más que yo, al contrario, siempre se vio muy interesada por lo que hacía y me contó muy sencillamente de su trabajo. Es un ejemplo que a pesar de los años de experiencia, todos somos iguales y ella nunca me hizo sentir la relación “super actriz experta-pobre actriz primeriza”, al contrario, la relación fue tan simple y linda como la de dos amigas que se conocieron secando platos en India. El otro dato cómico es que las dos estamos de cumpleaños el mismo día. Genial.
En fin, después de intentar meditar, seguir a Amma y hacer varios amigos, decidí, al igual que en Varkala, escapar (después de pagar, obvio) y a medio día Salí del ashram para tomar un ferry que me llevaba a Allepey. Ahora tengo que explicar. Lo que pasa es que el Amritapuri (que es el nombre del Ashram) queda en medio de los backwaters de Kerala. Los famosos backwaters son millones de ríos que se encuentran en esta zona de palmeras y que da la sensación de que se estuvieran inundando. La gente se transporta en botes y las casas se construyen junto a los ríos. Como parte turística, la gente con mucha plata arrienda unos barquitos que son unas casas en el agua y duermen en los backwaters, muy top. Yo me contenté con pasearme en este ferry por 5 horas, contemplando el maravilloso paisaje que me rodeaba. El programa de televisión que viste parece que tenía razón mamá: Los backwaters son increíbles.
Allepey es famosa por ser el punto donde la gente recorre los backwaters. Además de eso, no me pareció más que una ciudad sin mucho encanto. Al día siguiente de llegar, recorrí bien temprano la ciudad y al ver que no había nada muy especial para quedarse tomé mi mochila y partí a tomar otro ferry a la próxima ciudad rodeada por estos ríos, Kottayam. Después de hacerme esperar mucho rato, me dijeron que el ferry a Kotayam se había cancelado y como me quería ir de ahí me fui a la estación de buses y decidí partir en este medio de transporte, total, podía tomar un botecito para pasear desde ahí.
Allepey era mucho más lindo de Kottayam, al menos a primera vista. Me pareció una ciudad tan grande y sin nada interesante que desde la misma estación de buses de la ciudad abrí mi guía de viajes y busqué algún lugar turístico cercano. En eso fue cuando me encontré con Emilie, una francesa que había conocido en el Ashram pero que nunca habíamos hablado más de un minuto. Ella me contó que se iba a Munnar y me invitó a acompañarla. Así que ahora viajo con Emilie, que además habla muy bien el español (con unos mexicanismos muy chistosos) y nos entretenemos bastante, a pesar de que ella tiene el triple de energía de la que tengo yo.
Munnar lo más parecido a un pueblo que he visto en India, junto con Pushkar, pero su gracia no está en sus ruidosas calles, sino en sus silenciosos y lindos campos de té. Como ya lo mencioné, alrededor de esta ciudad está llena de plantaciones de té, que luego es exportado a todo el mundo (Es decir, tal vez yo vi los arbolitos del té que te estás tomando tú en este mismo momento). Las plantaciones son preciosas, con un verde fuertísimo y llena de caminitos que parecen laberintos. Hoy, entre la niebla, me sentía como Alicia en el país de las maravillas, o según Emilie, tal vez la idea de estar muerto (Éramos solas en medio de la plantación y ya eso es raro en India, era estar en medio de un sueño). Llevamos dos días caminando entre las plantaciones y es muy entretenido, a pesar de mi dolor de piernas. Además la gente es super amable y nos ofrecen sacarnos fotos con ellos, muy gracioso.
Mañana dejo Munnar y espero cruzar por las montañas a Tamil Nadú. Espero poder publicar esto pronto pronto.  
Vista desde el ashram


Backwaters

Allepey

Munnar

Las cortadoras de te en Munnar

Emilie aprendiendo a cortar te